La actriz Charlize Theron se crió en una pequeña granja en Sudáfrica. Por mascota tenía una cabra, y le gustaba jugar a disfrazarse y representar escenas de sus películas favoritas. “Cuando vi Splash sentí celos, envidia y un poco de enamoramiento”, recuerda. “Pensaba: Qué guapo es Tom Hanks, pero, ¿quién es esa rubia y por qué yo no soy ella? Entonces limpiaba el estanque de los patos, me echaba al agua y jugaba a que era la sirena a la que tanto envidiaba”.
Sus grandes fantasías de niña han ayudado a Charlize a triunfar en Hollywood. En menos de cinco años se hizo famosa al participar en filmes como The Cider House rules, Sweet November y Wakin´ Up in Reno. “Como era hija única, recurría a la imaginación para entretenerme”, explica. Imaginación y amor por el trabajo, como el que le inculcó su madre, Gerda, una mujer que tenía tiempo para administrar la granja, atender los partos del ganado, cambiar neumáticos y llevar a la niña a clases de música y ballet.
“Mamá no me decía: ‘Qué linda eres’, sino ‘¿Ya ordeñaste la vaca?’ “. Charlize conserva uno de los principios que aprendió de pequeña: “Nunca me consideré un objeto precioso. Soy un ser humano consciente de mis defectos, y desde chica aprendí que cuanto menos se esfuerza una mujer por parecer hermosa, más resaltan sus cualidades”.
Hilary Devries, In Style.


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