Imaginen una escena del Viejo Oeste de Estados Unidos, allá por el decenio de 1870 a 1879. Una cuadrilla de vaqueros cansados, que visten polvorientos pantalones de mezclilla, se congregan en torno a una fogata en el campamento tras una jornada de trabajo en la pradera. El aullido solitario de un coyote sirve de contrapunto a las notas de una guitarra, mientras la Luna flota serenamente en el firmamento. De pronto, un alarido desagarra la quietud de la noche, y un vaquero se aleja del fuego danzando patéticamente. El Síndrome del Remache Caliente ha reclamado otra víctima.
En aquellos días, los pantalones de mezclilla eran confeccionados como lo habían sido desde los comienzos de la compañía Levi Strauss, con remaches de cobre para reforzar los puntos de tensión. En esos pantalones originales -el modelo 501- el remache de la bragueta era peligroso. Cuando los vaqueros permanecían acuclillados demasiado tiempo junto a la fogata del campamento, la temperatura del remache subía a niveles intolerables.
Retrato de Peter Haas, presidente de Levi Strauss (sentado) y presidente de la compañía anterior, su hermano Walter (de pie), junto al recorte del fundador de la compañía. (Foto: Ralph Crane, Life, 1972)
Durante años, los valientes hombres del Oeste afrontaron aquel extraño riesgo profesional. Hasta que en 1933 el presidente de Levi Strauss, Walter Haas, fue a una excursión campestre con sus Levi 501. Estaba aculillado junto a una crepitante fogata en su campamento de la Sierra Alta, inhalando el aire puro de la montaña, cuando fue presa del Síndrome del Remache Caliente. Consultó con los ganaderos veteranos de su grupo, para saber si habían sufrido el mismo percance, y la respuesta fue tristemente afirmativa.
Haas decidió que el villanesco remache debía desaparecer, y el Consejo de directores votó su extinción en la siguiente asamblea.
E.B
Foto: Life



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