Un pelo bonito es, básicamente, un pelo limpio. Para lavarlo lo más importante es el champú. Por ello, se elegirá de acuerdo con las características o estado del cuero cabelludo. Se deben evitar los champuses “familiares” a granel. Para cada tipo de cabello existe hoy en día un producto específico. Para los cabellos grasos existen los champuses a base de emulsiones y hierbas que evitan la segregación de grasa. Para la caspa se utilizan champuses que contienen sustancias contra las bacterias.
Para un cuero cabelludo sensible existen sustancias que le dan vigor y para cabellos muy estropeados curas especiales, que son capaces de unirse a la queratina del pelo y regenerar de esta manera la cápsula que lo envuelve. Incluso hay champuses específicos para el cabello fino que contienen sustancias capaces de darle un mayor volumen, al menos ópticamente. ¿Cuántas veces hay que lavarse el pelo? Sencillamente, tantas como haga falta. Es decir, en cuanto se engrase, se llene de la suciedad existente en el aire de las grandes ciudades o cuando aparezca pegado a mechones a causa del sudor. En muchas personas, esta circunstancia puede darse diariamente.
Una buena técnica: Antes de aplicar el champú, es absolutamente necesario mojarse totalmente el pelo, y nunca echarse el champú directamente sobre el cabello. Es mejor verterlo en las manos y restregarlo entre ellas. Una vez hecho esto, pásese las manos por la cabeza masajeando el cuero cabelludo con las yemas de los dedos. No se debe estrujar el pelo, porque cuando está mojado resulta especialmente sensible. Si se forma gran cantidad de espuma, es porque se ha utilizado más cantidad de champú de la realmente necesaria.
No se trata sólo de una cuestión de economía sino también de precaución, porque los champuses contienen unas sustancias activas de lavado que en sobredosis pueden desencadenar una reacción agresiva contra el cabello.
Tomado de “El libro de Oro de la Belleza” de Petra Schürmann



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