Por Bill Sones
En los laboratorios de varios países se ve a científicos de blancas batas que arrojan pelotas de béisbol hacia túneles de viento; lanzan otras, de tenis, a raquetas sujetas a soportes, y diseñan nuevos hoyuelos para las pelotas de golf. Discuten cuestiones tales como las de si en verdad describen curvas las pelotas de béisbol, o si tienen más potencia las raquetas de tenis de marco flexible. Estos científicos, los ingenieros del deporte, trabajan por cuenta de universidades y fábricas de artículos deportivos, y están transformando los deportes en algo que supera a los antiguos combates de músculo, estrategia y tenacidad.
Resulta fascinante la tecnología de hoyuelo de las pelotas de golf. Desde hace más de cien años se descubrió que las pelotas con muescas en la superficie llegaban a mayor distancia que las lisas. Esto originó la fabricación de pelotas de superficie rugosa, a fines del siglo antepasado, y en fechas recientes, los hoyuelos de diseño científico.
También en el béisbol se aplican la ingeniería y la física. ¿Realmente describe una curva la pelota? Al llamado efecto Magnus, por el físico y químico alemán Heinrich Magnus quien publicó en 1852 sus estudios sobre los cuerpos giratorios, se deben la curva de una pelota de béisbol y las parábolas de las pelotas de tenis y de ping-pong. Las costuras de la pelota de béisbol son en gran medida causantes de las curvas. Esto ayuda a explicar por qué algunos lanzadores acostumbran rasgar subrepticiamente la pelota: la rasgadura actúa como otra costura, que magnifica el efecto de rotación y hace que la bola se desvíe todavía más.
Una parte de la más intensa investigación en la ingeniería deportiva se concentra en el diseño de la raqueta de tenis, sobre todo en el llamado “punto bueno”, o punto del encordado con que mejor se golpea a la pelota. Pero los ingenieros deportivos no hablan de un “punto bueno”, sino de tres, relacionados con los sitios de golpeo en que son mínimas la sacudida y la vibración, y máxima la potencia.




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