De un cocinero: No salir de la olla.
De un rector universitario: Perder todas las facultades.
De un ladrón: Perder el examen de hurto calificado.
De un sepulturero: No tener dónde caerse muerto.
De un jinete: Perder los estribos.
De una azafata: Enamorarse de un piloto automático.
De un abogado: Emborracharse hasta perder el juicio.
De un borracho: Ahogarse en una laguna mental.
De un guitarrista: Tener seis hijas cuerdas.
De un ascensorista: Que se le olvide la ruta.
De un arquitecto: No trabajar en los puentes.
De un carnicero: Que se le dispare un cañón de cerdo.
De un siquiatra: Tener una casa con las tejas corridas.
De una mujer fea: Espantar hasta el sueño.
De un jugador: Perder la señora en un juego de cama.


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